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Darkseid es. Heidegger y el Cuarto Mundo de Jack Kirby y Tom King.

Lo que debe quedarnos claro, al cerrar la última página de esta novela gráfica, antes que todo y después de nada, es que “Darkseid es”. Pero lo cierto es que, la verdadera extensión y dimensión de tamaña afirmación, no nos resultará diáfana, en lo absoluto. Nos quedamos mirando la viñeta final, cortos, rumiando su sentido. 

¿Qué significa eso de que el maligno portador de los rayos Omega “sea”? y aún más ¿por qué “el ser” terminaría vinculado al más maligno de entre los malignos dioses del universo DC y que encima rinde culto a un malvado algoritmo originalmente concebido como la “ecuación AntiVida” cuyo objeto es suprimir la voluntad de los seres?. 

En un multiverso como el planteado por la DC comics, debemos razonar entonces, que lo contrario a la vida no será la muerte, de hecho la muerte es solo un episodio entre superhéroes que mueren y renacen una y otra vez, en una realidad alternativa en otra, viñetas más viñetas menos, sino que para este Universo lo contrario a la muerte será la pérdida de la voluntad y desde ahí es que nos puede explotar el cerebro a piacere pues nos toparemos con abundante material de análisis, el que puede partir con Descartes, así de refilón, pasando por Nietzsche y su voluntad de poder expresada en la realidad como visión cosmológica y en el hombre como una visión antropológica, donde la voluntad constituirá la “esencia” de la realidad, donde ser es querer, y para avanzar desde este concepto al Dasein de Heidegger, habrá un solo giro. 

Porque Darkseid es y entre el Darkseid y el Dasein no hay una gran distancia fonética, ni conceptual, parece querer decirnos el autor de “Señor Milagro”.

Nos centramos en la búsqueda del concepto final, al ser último de la novela de Tom King, escrita revisitando al personaje superheroico de Scott Free, más conocido como Mr. Miracle, junto a toda la banda de personajes creado por ese dios del cómic que fuera Jack Kirby.

Para los que no le conocen, Scott Free, el Señor Milagro, es un escapista, un artista del escape como lo fue Harry Houdini, pero aquí hablamos en el lenguaje del cómic mainstream, en niveles metahumanos y cosmológicos. Hijo del dios conocido como Highfather, el Alto Padre, fue entregado en su infancia como moneda de cambio para sellar la paz en el Cuarto Mundo (de los primeros tres mundos no hay claridad, aunque en realidad podríamos extender su concepto a un Cuarto Reich, antes que a esas tradicionales interpretaciones del primer y el tercer mundo que mucho sentido no tienen), que es la paz entre Nueva Génesis y el planeta Apókolips, tierra maldita y tiranizada por Darkseid, donde este último, a su vez, en semejante sacrificio, entregó a su hijo más poderoso y amado: Orión. Pero crecer en Apokolips no fue cosa fácil para Milagro, fue crecer en la angustia y en el deseo de la libertad, y así ensayando escapes, Scott Free se hizo el artista del escape más importante del Universo. 

Concordamos con el blogger Renzo Podestá, en que esta es “una historieta bellísima, plagada de metáforas, simbolismos y reflexiones en torno al ser y la nada sin hablarte subido a un tarro de dulce de batata. Te habla de religión, de filosofía e incluso por momentos se vuelve tan metahistorietística que te caés de culo al piso”. 

Ciertamente, durante la lectura de los 12 números que componen esta sinfonía de viñetas llamada “Mister Miracle” de Tom King, con los trazos delicados pero firmes del artista Mitch Gerads, puedes adentrarte en la guerra eterna entre Apokolips y Nueva Génesis, pero al mismo tiempo, entre viajes en tubos BOOM, que bien podrían ser sueños astrales o delirios de gloria de un moribundo, te embarcas en una extraña búsqueda del dasein, del Ser Ahí, donde se desarrolla la verdadera lucha universal, que es realmente una búsqueda trascendental, confrontando al ego gigante propio de los atrapados en el ente y la existencia inauténtica de Heidegger o del sujeto sujetado de Foucault, ese temerario artista del espectáculo que es Scott Free, se expondrá atravesando un momento de crecimiento y de reflexión muy personal mientras viaja entre dos polos, de vida y de muerte.

La  vida representada por el nacimiento de su hijo junto a Big Barda, y la muerte representada por la imagen de sí mismo, el hijo de Highfather criado en el mismo infierno, “con las venas abiertas en canal en el baño de su casa, preguntándose si un escapista puede escapar de la muerte”.

Y entonces las preguntas nos empiezan a caer a cántaros, porque en medio de todo “Darkseid es”, como recordatorio constante, semejante a un mantra y ahí, el protagonista, Scott Free, ataviado en su angustia, se plantea si alguien además de él se plantea el por qué somos algo y no más bien nada, la gran pregunta de la filosofía. 

Porque Darkseid es. La frase de Tom King suena bien, cae en el lugar preciso, tal y como ocurrió con el discurso de Heidegger en el auditorio de la Universidad de Friburgo anunciando que “el inicio es aún” y que “todo lo grande está en medio de la tempestad” (Alles Grosse steht in Sturm), o como esa otra que anuncia que “el desierto avanza” proferida por Nietzche. El “Darkseid es” parece un símil, a nivel de cómic, aunque Darkseid se encuentre chupando huesos de pollo junto a su siervo Desaad, y afuera el desierto avance. 

Pero lo relevante es ese momento, cuando nos da la sensación de que Scott siempre lo tiene ahí, a punto de coger, donde parece estar a punto de descifrarlo, y al momento en que parece que lo va a lograr, entonces el Ser ya no está. Es el problema del SER, y evidentemente del ser planteado por Heidegger. 

¿Por qué planteo que, pese a que King invoca explícitamente unos diálogos cartesianos sin hacer referencias a Heidegger, es a este último al que inconscientemente recurre y atraviesa en su novela gráfica? La respuesta viene evidente, y ustedes lo saben, porque Darkseid es. 

A lo largo de los 12 números, nos toparemos con la misma afirmación, una que se volverá pregunta, la pregunta por el ser, y la misma  imagen distorsionada como de una TV con mala señal y un velo de arcoíris flúor, nos hará plantearnos más de una vez sobre lo que se está poniendo en duda realmente, el dónde está Scott Free, en qué lugar se encuentra el escapista y si tendrá algún dominio o comprensión sobre todo lo que está ocurriendo: ¿pura crisis de mediana edad, temores ante una paternidad tardía o será que simplemente está siendo afectado en su voluntad por la ecuación antiVida?

Scott reflexiona en torno a citas a Descartes y lo hace con una voz en off que no sabemos desde qué lugar retumba, preguntándose sobre la duda, que solo a través de la duda logrará comprender su existencia y como Descartes, apelará a "DIOS" para justificarla. Solo hay certeza de la duda y en esa certeza, tanto es mejor ser que no ser, hasta que en un momento, cuando siente haberle visto la cara a Dios, creerá tenerlo ahí, cuando siente poder definirlo, pues si lo nombra ya no será, y así otra vez el Ser se le escapará porque irá más allá de toda comprensión humana. Muy Heideggeriano antes que Cartesiano.

Darkseid es. Darkseid es un tirano absoluto, lanza rayos Omega por sus ojos, y su existencia en sí se trasluce en la angustia que inflige a los que habitan su reino, y por ello es que Darkseid es, porque solo en la angustia, en esos momentos alejados de los entes, de las cosas, es cuando puede aparecernos el Ser y la pregunta por el Ser. 

El concepto de la angustia es capital en Darkseid y es también capital en Heidegger, al que se le reconoce como su aspecto más sombrío, filosóficamente hablando, los estados bajos del alma, pero es también uno de los aspectos centrales de las filosofías existencialistas. Heidegger tiene como poderoso antecedente la filosofía de Kierkegaard, un filósofo danés del siglo XIX que escribió “El concepto de la angustia” donde se plantea que el hombre es ese ser que se angustia y es más profundamente hombre cuando más profundamente se angustia, porque la angustia proviene de la experiencia de la nada y la experiencia de la nada es, en el fondo, la experiencia de la muerte. Darkseid es, Darkseid y la ecuación AntiVida, Darkseid y la muerte, y si yo afronto la experiencia de la nada, estoy afrontando la más difícil de todas mis posibilidades; porque es la nada la que me angustia, será ella la que me revele mi condición de finitud.

Qué más heideggeriano, además que mientras se va armando toda una reflexión filosófica muy profunda, se caiga de cabeza sobre un tirano genocida, como lo son Darkseid y Hitler, tropezando así, como de puro distraído cayó Heidegger en mayo del 33 en el nazismo, como lo justificó Hanna Arendt. Y en esa ensoñación en que parece caminar entre viñetas, nuestro Scott Free, como en el Hiperion de  Friedrich Hölderlin, porque así es que avanza en cada página y en cada salto, recordándonos esos versos que dicen “el hombre es un dios cuando sueña, y un mendigo cuando reflexiona”. 

Porque Scott viaja entre mundos, o esta muriendo o está soñando, y es el dios de Nueva Génesis que vuelve a la tierra solo para terminar convertido en un ser corriente, un padre agobiado de su propia ausencia, un mendigo entre sus reflexiones. Y de esas reflexiones, de esos vacíos, de esa angustia, la misma angustia entre toques de queda de la dictadura pinochetista que le permitieron a Jorge Eduardo Rivera hacer su excelente traducción del Ser y la Nada al español, surgirá la pregunta por el ser, para escapar del mundo de los entes. 

El Dasein será ese ente existencial, el ser que se pregunta sobre el ser y que está en estado de arrojo, sobre el universo, como escupitado, dice muy gráficamente el argentino Feinmann. El Dasein no tiene una relación cognoscitiva, de conocimiento sobre el mundo, de sujeto a objeto, sino de sujeto existencial devorado por el universo, derivada del pensamiento de Edmund Husserl, el gran maestro de Heidegger, creador de la Escuela fenomenológica, que busca salir de ese sujeto cartesiano con el que parte la novela Tom King, ese que residía en sí mismo, para presentarnos en cambio, el SER, ese Darkseid es, el Dasein. 

En la intencionalidad husserliana no partimos con una  interioridad del hombre, sino que por el contrario nos encontramos con que el hombre va arrojado hacia afuera en el Universo y por lo tanto no hay lugar para centrar el inicio desde un ámbito subjetivo que va a ir creando la relación con el objeto, sino que derivará de una relación sujeto-mundo indisociable y original. El sujeto está –como va a decir Heidegger- eyectado, como cuando Mr. Miracle logra escapar de sus trampas mortales, de la oscuridad en la que se encuentra solo y al borde de la muerte para finalmente salir  al escenario, al mundo de los entes, para recibir el aplauso del público y toda su existencia inauténtica.

¿Y por qué Scott Free se lo plantea? ¿Por qué se cuestiona el Ser? Ahí la figura del manager Funky Flushman, guiño potente a Stan Lee, resulta capital, porque se ha agotado de esa existencia inauténtica, concepto también heideggeriano, porque ha tomado conciencia de su finitud, ya desde las primeras páginas con las venas cortadas o arrullando a su hijo. Ante esta realidad que es temible y que le despierta una enorme angustia, se revelará la nada y la nada revelará la muerte; aquella que el hombre quiere frenar, que quiere negar, gambetear como si al no prestarle atención pudiese desaparecer su destino implacable. Esa esa es la labor de Funky Flushman. Para negarla se entrega a lo que Heidegger llama la existencia inauténtica. 

La existencia inauténtica consiste ante todo en negar que el hombre es ese “ser-para-la-muerte”. Entonces, el Dasein inauténtico se entrega al mundo del “se” –en alemán “das man”, “se dice”, en francés: “on dit”-, en la onda, entre nosotros. Se entrega al mundo del “se dice”, al de “la onda”. El existente inauténtico, al no poder enfrentar su finitud, enfrenta la vida con una liviandad que es la liviandad de lo inauténtico, para así sofocar la angustia de morir y entonces es cuando se termina convertido en un ente dominado desde afuera, perdiendo la voluntad del ser, que es precisamente el efecto de la ecuación AntiVida. Por eso una vez más es que resulta, que desde la angustia de la oscuridad, Darkseid es.

La pregunta es, más que la evidente de si Scott quiso escapar de la muerte, si quiso escapar de la vida muriendo, porque ese es el único destino, la única posibilidad, la pregunta por el Ser es la que lo va moviendo a asumirse como un Dios y no como un simple artista del trapecio, un showman, pero para eso debe terminar aceptando su propia mortalidad, su propia finitud, aunque al igual que en la última viñeta de La Visión del propio Tom King, la vida tienda a confundirse con el sueño de los dioses.





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