Ir al contenido principal

Asylum. Vigilar y Castigar. Foucault en Ciudad Gótica: Living Hell.

He leído tres obras sobre el Asilo Arkham y he jugado también el Arkham City. Creo que por mucho que se plantee que “Arkham Asylum” de Morrison es la obra definitiva sobre la casa de locos, tal vez ello sea más tributario del arte espectacular y preciso de Dave MacKean que a los diálogos torpes, inconexos y grandilocuentes del dolape Grant. Confieso haber disfrutado mucho más leyendo “Arkham Living Hell” e inclusive hasta con “El Último Arkham”, con un Jeremiah Arkham al borde y un Víctor Szaz muy bien explotado por Alan Grant, aunque debo reconocer que no me atrevería a reeelerlo y puede tratarse de una sensación más afectiva que verdaderamente vinculada a la real calidad de la obra. Arkham City, el juego por su parte, traslada al héroe al interior del manicomio, y aquí me detengo pues creo que lo que en el juego se expone es precisamente la continuidad de los salones entre la ciudad y el manicomio, el asilo bien podría tratarse de la propia Ciudad Gótica y la historia no cambiaría mucho. Y es ahí, si analizamos el conjunto de historias del hospital psiquiátrico donde que nos damos cuenta de lo anodino que resulta, en la totalidad de la estructura gothamita, el hospital de maniacos, por cuanto en realidad nos termina por parecer  una anécdota más, una cicatriz intrascendente en la ciudad, otro callejón, y probablemente así va a  quedarse, por cuanto, pese a su enorme gravedad, el sanatorio mental no ha logrado alcanzar una personalidad propia, una narrativa propia, probablemente porque las narraciones aún no lo han llevado a ese estado y se ha mantenido como un círculo infernal de pernoctación transitoria de los archivillanos del hombre murciélago, sino en una fuente de los mismos, que como a una manera de “escuela de villanos”, termina por normalizar a los delincuentes más básicos para convertirlos, “normalizarlos”, en el producto habitual de los doctores Arkham. Si no eres un loco megalómano y digno del art pop, no te preocupes, el Hospital y sus internos te dejarán a punto, sino pregúntale a la buena doctora Harleen Queenzel.

Concuerdo con Andrés Accorsi cuando plantea que “Living Hell” pudo ser una gran historia sobre Arkham Asylum, pero estimo que más que una buena historia sobre el sanatorio, es realmente una gran historia sobre el protagonista de la historia, el estafador financiero Warren White, adelantándose con una década a los escándalos financieros del Lobo de Wall Street llevados al celuloide con la genial actuación de Mr Di Caprio. La historia es recomendable, al menos excluyendo el último episodio prescindible y aburrido en que no se les ocurrió nada peor que meter a Etrigan y a una manga de demonios estúpidos. 

La obra de Dan Slott dibujada por Ryan Sook en 2003, como dice Accorsi, “arranca con un primer episodio glorioso, devastador, con excelentes ideas, un desarrollo apasionante y un final… medio pete”, entero diría yo. Una clase magistral sobre cómo estropear una buena historia en las 22 páginas finales (que en todo caso abundan). 

El Tiburón White, de cualquier modo, es un tremendo personaje hasta el final. Ya en aquellos años, previos a las burbujas inmobiliarias como tema corriente en las tramas argumentales, Slott nos advierte de los males de los estafadores financieros que se funden con nuestras jubilaciones y nuestras esperanzas en los capitales volátiles que, al más puro estilo del hijo de re mil puta, para evitar caer en la penitenciaría de Blackgate no se le ocurre mejor idea que alegar demencia. Pero alegar demencia en Gotham implica un pasaje directo al Arkham Asylum, y eso implica tener que convivir con los verdaderos locos de historieta, sádicos multicolores y homicidas megalómanos como el Joker, Two-Face y Killer Croc. El propio Guasón siente genuina repulsión hacia el estafador financiero, el tipo representa la más pura normalidad capitalista, es el pináculo del ganador, y eso es lo más alejado del caos digno del príncipe payaso del crímen.

Una vez adentro de Arkham, el estafador tratará de zafar recurriendo a su inconfundible capacidad de corromper al sistema o más que corromperlo, utilizarlo en su favor. Sin embargo, Arkham no es más que una estructura espejo, dentro de la estructura general que es Gotham, y así, en la medida que Warren White se instala más y más entre las paredes del manicomio, terminará convirtiéndose en un monstruo tan guasonesco y alocado como el resto de los internos, perdiendo esa individualidad que como personaje lo hacía tan interesante. El virus de la “locura” lo inunda así como el “virus’ del capitalismo y la defraudación lo ahogaron fuera de las paredes del hospital.

Aquí es donde Foucault diría que finalmente el Tiburón Blanco terminaría siendo “normalizado” por el sistema, pero debemos entender que como en Arkham el sistema lo manejan realmente los locos son por tanto los locos bufonescos y deformes quienes lo terminarán “normalizando”, lo reharán, a su imagen y semejanza.

Es que el sistema en el Asilo Arkham, porque esta es una institución de un mundo de historietas donde nunca hemos visto a nadie “sanarse”, te normaliza a su manera, y así, su tratamiento de schock subyacente será capaz de convertir al vulgar carterista en un pintoresco genocida deforme, en una versión bizarra del propio Guasón, que vendría a ser el arquetipo supremo de los internos.

Tal vez por eso es que las historias sobre el propio Asilo Arkham, fuera de mostrarnos a los locos a raudales, sin convencernos nunca de que algo interesante pueda ocurrir entre sus cuatro paredes, no son más que un nuevo reflejo de lo que ocurre afuera, en el mundo de Ciudad Gótica, mal que mal, en la ciudad siempre anda más de un loco suelto (y la seguridad del Asilo Arkham llega a ser tremendamente sospechosa).

Es curioso, pero para los locos de Arkham, ciertos aspectos del mundo material como el dinero resultan irrelevantes (a menos que la patología mental los una obsesivamente a los billetes), y en ello Warren White quedará lentamente fuera de juego durante varios episodios, porque para los locos el dinero será nada más que un medio para llevar a cabo sus locuras, y en Living Hell, el dinero que es precisamente lo que mueve a Warren White, es aquello que lo impone como el verdadero outcast del manicomio, en el tipo a “normalizar” por el resto de internos.

En el fondo nos vamos acercando a la idea de que el hombre burgués capitalista está obsoleto para los locos de Arkham, que conforme al planteamiento de Grant Morrison en “Arkham Asylum”, padecen (el guasón) de una “Súper Cordura”, y así se comprende que Warren White representará esa obsolecencia que debe ser “normalizada” en los términos de aquel “lugar sensato”.

En este punto, los internos son verdaderos críticos de la realidad capitalista, pero n o lo son a la manera vulgar de cualquier revolucionario de Twitter, lo serán con elegancia,  a la manera de Nietzsche y de Heidegger, por cuanto ambos habían abominado de la modernidad capitalista como luego también lo hacen los internos de Arkham. Son escasos los internos que disfrutan de los encantos del capitalismo y la burguesía gothamita (Gatúbela, El Pingüino y Shark). Heidegger sentía cierta repulsa hacia esa modernidad capitalista, que comienza en Descartes, poniendo al Sujeto en la centralidad, porque esa centralidad del sujeto había olvidado al Ser y se había concentrado en la conquista del mundo de los objetos, de los Entes, y se había perdido en eso, cayendo en una existencia inauténtica. Para el Guasón, cual Heidegger, precisamente ese abandono del Ser y esos criminales tan poco elegantes de la mafia y el asalto, preocupados de administrar sus esquinas y sus territorios para la venta de drogas y delitos varios que les proporcionarían dinero como fin, en suma, esos delincuentes preocupados de “las cosas”, son lo más repugnante, son villanos sin ninguna cualidad filosófica ni ética, actúan al contrario de los Griegos, a quienes siempre los encuentra en estado de "Abierto" con el Ser (tal vez por ello siempre hay una mirada de respeto hacia la locura del Maxi Zeus), y que por tanto eran quienes tenían una relación de "encuentro" con el Ser -algo que mucho más tarde, Heidegger le va a poner un nombre: "Ereignis", es decir, un momento en el cual el hombre se encuentra con la plenitud del Ser, cuestión que se pierde en Descartes, el filosofo que pondrá en el eje de la Modernidad Capitalista al Sujeto. 

Pero esa mirada, sabemos, rompe al llegar hasta Nietzsche, que pasa por sobre el sujeto y su dios y así hasta Heidegger, para quien el sujeto está demasiado envuelto en una existencia inauténtica y alejado del SER. 

Y aquí se nos aparece Foucault, quien también dirá entonces que se debe terminar con el Sujeto como punto de partida epistemológico y que debemos pasar a poner en el centro ahora, a otra cuestión cuanto más relevante: la estructura. Así, al Sujeto lo vamos a poner dentro de la estructura. Lo que se hace es salir de Heidegger y pasar a poner al Sujeto dentro de la estructura y someterlo a una infinidad de determinaciones.

Es precisamente lo que ocurre con Walter White dentro de la estructura que será Arkham, un lugar sensato, como dirá Grant Morrison, un lugar donde los locos poseen una extranormalidad, una súper cordura nietzscheneana, un lugar con su propia estructura de normalización. 

Ordenándonos un poco, para no perder la idea. La concepción del sujeto en Foucault supone una inversión del sujeto moderno concebido por Descartes y la ciencia moderna hasta nuestros días. El yo opera en la filosofía cartesiana, consecuencia del “cogito ergo sum”, como el sujeto constituyente de la realidad. Un yo identitario con todas las características propias de la identidad misma: inmutabilidad, universalidad, esencialidad.

En el pensamiento de Foucault, hay una transposición de esta idea de sujeto constituyente y universal por la de uno constituido en un espacio y tiempo concretos. Lejos de portar una esencia, de resistir a los cambios del tiempo, el sujeto es resultado de un conjunto de prácticas que intervienen en él, lo atraviesan y en definitiva lo constituyen. El sujeto es por ello un producto histórico. La posición foucaultiana atenta contra las corrientes dominantes de la educación actual, que conciben al sujeto como universal, obviando su carácter histórico (Ball, Stephen J. (Ed.) (2013), Foucault and Education: Disciplines and Knowledge. London: Routledge (1994), Education reform: A critical andpost-structural approach. Buckingham. Philadelphia: Open University Press.)

Para no alejarnos del cómic, la crítica de los locos es que ellos están en el Ser, ellos viven la existencia auténtica, están más allá del bien y el mal, tal vez de ahí la Súper Cordura del Guasón que invita a Batman a psicoanalizarse y darse cuenta de que es uno de ellos, que no es un paladín del orden, que no es un resultado cartesiano por mucho intelecto que aplique, que sigue siendo una adulto traumado enfundado en un traje de rata con alas que le palpita como el dasein.

Pero Batman ha preferido otra cosa más infantil, hacerse el héroe y ponerse del lado de lo que cree que es el orden, asume una actitud apolínea y cree rechazar al dioniso que le ofrece su propia liberación, y eso es lo que reprocha el guasón porque lo sabe de los suyos, pese a la insistencia del Batman de adoptarse como buen huérfano que es, a la sociedad disciplinaria y regirla, dotado de todos sus “juguetes”, que son lo que Foucault llamaría “la tecnología”. 

En los escritos de Foucault se encuentran estudios del régimen tecnológico que tuvo sus orígenes en los siglos XVII y XVIII y que perdura hasta el siglo XX. Tal régimen tecnológico, resultado de una conjunción saber-poder determinada, es lo que este pensador denomina disciplina. La disciplina es tecnología que genera individuos, haciendo de ellos su objeto e instrumento de ejercicio del poder. Esta tecnología de poder, que comprende un conjunto de prácticas que proceden encauzando conductas en los individuos, no se reconocen tan solo en instituciones como la cárcel, la fábrica, el hospital, el convento o la escuela -espacios cerrados-, sino que se expanden por todo el cuerpo social, saliendo de sus establecimientos y penetrando en todos los resquicios de la sociedad, dando lugar a la sociedad disciplinaria: “La disciplina no puede identificarse ni con una institución ni con un aparato. Es un tipo de poder, una modalidad para ejercerlo, que implica todo un conjunto de instrumentos, de técnicas, de procedimientos, de niveles de aplicación, de metas; es una “física” o una “anatomía” del poder, una tecnología. Puede ser asumida ya sea por instituciones “especializadas” [...] ya sea por instancias preexistentes que encuentran en ella el medio de reforzar o de reorganizar sus mecanismos internos de poder” (Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. España: Biblioteca Nueva. Pp 248-249).

En todo este juego se involucrará Bruce Wayne, un magnate mujeriego filántropo que educa niños para convertirlos por las noches en guerrilleros de su particular cruzada apaleando delincuentes, que representa a la perfección al Sujeto Capitalista burgués que debe superarse, según la visión de los locos, pero que en la visión de Foucault será el hombre dentro de la estructura y que ya ha sido disciplinado correctamente por Alfred, su mayordomo, al punto de erigirse por las noches, enfundado en su traje y capa y con la batiseñal en lo alto, en el panóptico perfecto de las instituciones disciplinarias propias del sistema arquitectónico y óptico descrito por Bentham. 

El principio subyacente a tales mecanismos es lo que denomina Foucault panoptismo: “Se trata de mecanismos que analizan distribuciones, desviaciones, series combinaciones, y que utilizan instrumentos para hacer visible, registrar, diferenciar y comparar [...]. El panoptismo es el principio general de una nueva “anatomía política” cuyo objeto y fin no son la relación de soberanía sino las relaciones de disciplina”.

La presencia de Batman con su batiseñal sobre la ciudad se constituye como el panóptico, el aparataje disciplinario que por excelencia garantiza el orden, evitando o advirtiendo a los malhechores que Batman está ahí, fomentando dos efectos. En el primero, el efecto “jardín”, el poder es visible pero inverificable. El individuo se piensa permanentemente observado, aunque de hecho no lo sea. El panóptico permite así el ejercicio del poder de forma instantánea y silenciosa, sin intervención. El poder no encuentra resistencias en su paso. Pero el panóptico también ejerce un efecto “laboratorio” de poder, funcionando como aparataje de observación, experimentación y modificación de conductas. Efecto del que se sirve el Justiciero en defensa del orden, penetrando en la conducta humana. La Ciudad de Batman como panóptico, “jaula cruel y sabia”, de ahí la insistencia del hombre murciélago en afirmar, tanto entre sus pares superheroicos como ante el villano de turno, que Gotham “le pertenece”, Gotham es su jaula para el resto y todos quedarán, lo quieran o no, cubiertos bajo su manto de vigilante totalitario. 

Por tanto lo que postulamos, siguiendo la visión foucaultiana, es que Gotham y el Asilo de Arkham, representan prácticamente lo mismo, Gotham se rige bajo las reglas de la sociedad disciplinaria que impone Batman a los gothamitas, en tanto que el manicomio se rige y normaliza conforme a los parámetros impuestos por los locos, sus internos. 

En ese contexto se comprende que la derrota de los que están afuera es total, porque si el asilo debiera utilizarse para normalizar a los excluidos, a los locos, ese fin no resulta y ya sabemos, terminarán aún peores, pero lo que no saben es que ese es precisamente el fin “normalizador” del Asilo Arkham, lo normal es volver locos exaltando a todos sus pacientes, como ocurre con White, y eso tal vez se deba a que la sociedad disciplinaria que existe extra muros, está regida por la voluntad del más persistente de entre los locos, uno que ha jurado protegerla.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Batiadopciones homoparentales

Era un niño feliz. Tenía todo lo que se puede pedir. Un par de padres heterosexuales, cariñosos, preocupados y encima millonarios, y entonces Bang!! a la salida del cine tras una función de "La Máscara del Zorro", un "pistolero", un criminal, le arrebató la vida de sus padres en un segundo.  Es la historia de Bruce Wayne, el multimillonario huérfano de las historietas, que sediento de venganza, se dedicará en la vida adulta a combatir el crimen vestido como el hombre murciélago: Batman, mi personaje favorito de las historietas. La editorial del personaje determinó que el 23 de julio es el "Batman´s Day", la semana pasada ya se cumplieron dos años de celebraciones y entonces me vinieron a la cabeza algunas reflexiones necesarias sobre este ícono pop, cuyas historietas fueran mis primeras lecturas de la infancia. Como es sabido, el personaje fue creado en el año 1939 en la revista Detective Comics número 27, por Bob Kane y los aportes argumentales de Bill Fi...

Sartre, de Bastardos y Guasones

Vamos a inaugurar este espacio, con un breve análisis de la figura del Joker, más conocido como “el Guasón” para los hispanoparlantes. Ícono, pop, literario y filosófico, el payaso rey del crimen, célebre en el cine tras ser interpretado magistralmente por Nicholson, Ledger y Phoenix, se ha dicho, o al menos yo lo digo, que pudo haber influenciado nuestras vidas en el último tiempo, especialmente en lo relativo a las dos revueltas más célebres en contra del neoliberalismo, precisamente en los dos países que profesan con mayor rigidez sus valores. Me refiero a las potentes revueltas del el 18-O en Chile, y el BlackLivesMatters en USA.  ¿Qué tienen en común, aparte del descontento social del grueso de la población que decide reventar con violencia en contra de sus instituciones y reclamando en contra de sus élites? Vamos a alucinar, como lo hago yo, en que el Guasón está metido en todo esto, como un virus sempiterno que circula por las calles de Gotham City siguiendo lo que propuso ...

Venezuela para Fans de Star Wars

Hace mucho, mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana. Así comienza la épica obra de George Lucas, una epopeya de ciencia ficción que no ha hecho más que replicar, en formato cinematográfico y con efectos especiales, el viejo guión del paso de las Repúblicas soberanas, a caer bajo el alero de las tiranías imperiales. La caída de la República Galáctica no es más que un tributo que George Lucas realiza a la caída de la República de Weimar, intercalando guiños con la   antigua República romana .  El guión, repito, no es nada nuevo. El canciller Palpatine, por ejemplo, juega el rol de Hitler. Al igual que el alemán, Palpatine se mostrará como un personaje éticamente confuso que busca plantearse como un salvador de la democracia amenazada, de principio a fin, manipulando como un lobo con piel de cordero. Para ello, primero planteará obtener plenos poderes que le permitan actuar contundentemente contra los enemigos de la República Galáctica, los “separatistas marxistas comunistas”...